Hace mucho que no escribo, hace mucho que no hago un montón de cosas: como cuando posponemos cosas porque viene un examen y queremos abocarnos solo a eso. Dejé para después, resigné, pateé compromisos con amigos, con grupos, conmigo mismo. Todo en stop hasta que pasara la fecha, hasta que ya pudiera re ordenar.
Pero la fecha se corre, salta, se muestra esquiva. Veo falsos límites y hago el último esfuerzo “porque ya estoy por llegar”. Nada, solo una falsa esperanza. Hago borrón y cuenta nueva en mi cabeza, pero el corazón y el cuerpo no aguantan, no se les hace tan fácil, me preguntan a quien engaño con esto. Me dejan mudo.
Por otro lado estoy haciendo un montón de cosas que no hacía hace mucho. Recordando por ejemplo. Revolviendo en silencio, a escondidas, mi propio (y ajeno) diario intimo. Finjo meter esos recuerdos en conversaciones, finjo que salen espontáneamente, pero es la coartada para pensarlas en voz alta y con libertad. Vuelven iconos, olores, movidas, palabras, tensiones, esperas y deseos que se conjugan maliciosamente con estructuras ya conocidas. Y ahí, inexorablemente, esta el disparador de las anécdotas pasadas. Porque el orden de los factores no altera el producto y los factores son casi los mismos.
El clima aporta lo suyo, con saña, repite el marco, repite los dedos congelados ansiosos de caricias, las manos tomadas en un solo bolsillo, los escondites, las visitas ya sin sol, las vueltas con frío. Eso que una canción de
Vuelve el escudo a medias, el que aguanta algunas cosas si y otras no. Que deja salir intermitentes bocanadas de retasías, a lo mejor como prosa. El que fue coraza, armadura, blindaje, muralla, cemento, pared y membrana. El escudo que en algún punto me acostumbre a ver hacia cada ángulo que miraba. Pero soy un quejoso y ahora que me deja mirar un poquito por sobre él me muero de miedo y recuerdo porque lo había hecho tan fuerte.
Miro un poco sobre el escudo. Lo bajo más y hasta arriesgo unas palabras; me arrepiento en las últimas silabas. Recuerdo lo que duele bajarlo, la inestabilidad que representa. El frió no ayuda.
Alguien me chista mientras subo una escalera. En mi desequilibrado avance, dejando cosas para después, pateando compromisos y amigos, en este buscar el límite, en esta repetición de iconos antiguos, una voz que conoce muy bien ese pasado y ese frío, me chista y me detiene. Tanteo cerca de mí, dejé caer el escudo. Ya no puedo ignorarme en el rincón leyendo el pasado a escondidas, no frente a ella. Porque ahora el escudo tiene un doble sentido, o mejor dicho, tiene dos tiempos: Un escudo entonces y otro ahora. Ella se despide y yo pienso en la formula matemática.
Son los mismos factores, ordenados diferentes: el producto solo es parecido.

Mai! buen blog! como andás pibe? pasaba a comentar porque está bueno celebrar estas iniciativas auqnue muchas veces no sean más que un desahogo...una puerta q se crea y se abre para no quedarse sordo por culpa de esos gritos que vienen desde adentro en esas noches interminables. Te mando un abrazo grande y me comparto lo del escudo y lo de patear las cosas que queremos hacer...de hecho yo también hace mucho que no escribo...saludos!
ResponderSuprimirMaiman, me gustó mucho la retasía primera, hay tensión en tus palabras. Espero la próxima.
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