martes 21 de julio de 2009

Insomios de viaje (retasía)

Hay algo que había olvidado, es curioso como funcionan en el cerebro humano los mecanismos de represión: me cuesta dormir mi primer y mi última noche en Ushuaia.
He sabido que mucha gente no pude dormirse el día antes de viajar por los nervios de tener todo realmente listo, la expectativa pre-travel o cosas por el estilo. Pero ¿Por qué no puedo dormirme el primer día que llego cuanto todo debería ser descanso y relax post-travel? No quiero contestar esto hoy. Simplemente voy a aprovechar el tiempo para publicar una retasía más, descaradamente, sin aun haberles acercado ninguna fanalidad.

¡Ah!, Este blog lleva por bandera una frase que dice: “Las Imágenes que no pude fotografiar”. Quizás yo no, pero mi viejo sí, sacó una excelente foto de la puerta de mi casa en Ushuaia; de la vista que en este momento disfruto en la oscuridad, notebook sobre la falda y a las tres de la mañana. Les agrego la misma.

Retasía no tan fanal: Enfermedad.

No dejes de leer, no voy a hablar de “la gripe”. Ya te cansó y a mí también por más de que si en la tele lo anuncian como urgente tanto vos, como yo, prendemos una oreja. Quiero hablar de tiempos de enfermedad, en singular y plural eh, cosas mías y cosas de mundo (nuevo descaro este de no pedirle permiso al mundo para hablar de él) Es que hace poquito - ¿Cuánto poquito?-, un mes y medio, estuve jodido. De la noche a la mañana aparecí con dolores musculares, fiebre, temblores fuertes de cuerpo y demás yerbas. Un cuadro de chanchogripe o pegaba en el palo.

Pegaba en el palo, pero no era la absolución final. Yo y mis pulmones tendríamos de que hablar días después, cuando el doctor decretara sin la cortesía de hacerme sentar: “Infección en la pleura y neumonía”, con voz fuerte mientras sostenía, apuntando al foco, el acetato negro azulino con mis costillas en blanco.

Todas las mañanas uno se levanta con esa idea del superhéroe, de la fortaleza, de que me cuido un poquito pero no exagero y con los otros vos igual abrígate, sí, vos sí. Todos desayunamos tostadas de Superman y café con leche del que toma Batman, la capeamos. Lo interesante esta en el momento en que caemos al sopi.

“Las imágenes que no pude fotografiar”, versa el epígrafe del titulo del blog y yo hubiera querido que me fotografien temblando en mi cama, con la cara blanca de fiebre y cagaso. Metiéndome por el orto las tostadas de Superboludo ensopadas en el café con leche de Batman. Que inmortalicen en papel foto ese momento en que aflojamos todas las ideas y que lo impostergable se posterga con la misma facilidad que un papi fútbol con amigos. Que uno desea dejar de ser “hombre.que.vive.solo.y.se.las.arregla” para volver un ratito a sentir, desde abajo del acolchado y sin perder un grado de temperatura o tocar el piso frío con el pie descalzo, como aparece mamá (porque en esas situaciones es mamá y no vieja) con una bandeja, un te y dos aspirinas.

Desde debajo de abajo del acolchado, aun temblando, expectorando fragmentos del pulmón derecho y con los medicamentos que no parecían surtir efectos comencé a pensar en lo cagón que me vuelvo cuando estoy enfermo. "Es una gripe y se te cura en dos días", me dije a modo mantra. Esa noche, con el vapor caliente de la ducha sumado a ese eco obligatorio de todo baño que hacían sonar aun peores los roncos retorcijones de tos que orquestaba mi caja toráxica, de buenas a primeras vomite el día en el ferrum y escupí con color sangre: algo no andaba bien.

Neumonía y reposo dijo el tordo iniciándome así en la segunda etapa de esta Retasía.

No pude fotografiar -creo que nadie hubiera podido hacerlo- las vueltas adentro de la casa durante esos casi 10 días de encierro/reposo. Tiempo para: pensar, limpiar, pintar, estudiar, leer, chatear, proyectar, razonar, sanar (los pulmones y el corazón), comer, dormir, bañarme, beber, ordenar, releer, escribir, hablar, conocer.

A la segunda parte de esta retasía la acompaña una canción y una extraña tranquilidad que nació en mí luego del reposo. Perdería la gracia que se los contara hoy.

¿Será que todos necesitamos un inesperado reposo por neumonía? ¿O fue solo mi excusa, una somatización de emergencia de mi organismo?


[texto incompleto]


Mai

sábado 30 de mayo de 2009

Retasía Primera: repitiendo.

Hace mucho que no escribo, hace mucho que no hago un montón de cosas: como cuando posponemos cosas porque viene un examen y queremos abocarnos solo a eso. Dejé para después, resigné, pateé compromisos con amigos, con grupos, conmigo mismo. Todo en stop hasta que pasara la fecha, hasta que ya pudiera re ordenar.

Pero la fecha se corre, salta, se muestra esquiva. Veo falsos límites y hago el último esfuerzo “porque ya estoy por llegar”. Nada, solo una falsa esperanza. Hago borrón y cuenta nueva en mi cabeza, pero el corazón y el cuerpo no aguantan, no se les hace tan fácil, me preguntan a quien engaño con esto. Me dejan mudo.

Por otro lado estoy haciendo un montón de cosas que no hacía hace mucho. Recordando por ejemplo. Revolviendo en silencio, a escondidas, mi propio (y ajeno) diario intimo. Finjo meter esos recuerdos en conversaciones, finjo que salen espontáneamente, pero es la coartada para pensarlas en voz alta y con libertad. Vuelven iconos, olores, movidas, palabras, tensiones, esperas y deseos que se conjugan maliciosamente con estructuras ya conocidas. Y ahí, inexorablemente, esta el disparador de las anécdotas pasadas. Porque el orden de los factores no altera el producto y los factores son casi los mismos.

El clima aporta lo suyo, con saña, repite el marco, repite los dedos congelados ansiosos de caricias, las manos tomadas en un solo bolsillo, los escondites, las visitas ya sin sol, las vueltas con frío. Eso que una canción de La Porturaria me ayudo a describir tan bien.

Vuelve el escudo a medias, el que aguanta algunas cosas si y otras no. Que deja salir intermitentes bocanadas de retasías, a lo mejor como prosa. El que fue coraza, armadura, blindaje, muralla, cemento, pared y membrana. El escudo que en algún punto me acostumbre a ver hacia cada ángulo que miraba. Pero soy un quejoso y ahora que me deja mirar un poquito por sobre él me muero de miedo y recuerdo porque lo había hecho tan fuerte.

Miro un poco sobre el escudo. Lo bajo más y hasta arriesgo unas palabras; me arrepiento en las últimas silabas. Recuerdo lo que duele bajarlo, la inestabilidad que representa. El frió no ayuda.

Alguien me chista mientras subo una escalera. En mi desequilibrado avance, dejando cosas para después, pateando compromisos y amigos, en este buscar el límite, en esta repetición de iconos antiguos, una voz que conoce muy bien ese pasado y ese frío, me chista y me detiene. Tanteo cerca de mí, dejé caer el escudo. Ya no puedo ignorarme en el rincón leyendo el pasado a escondidas, no frente a ella. Porque ahora el escudo tiene un doble sentido, o mejor dicho, tiene dos tiempos: Un escudo entonces y otro ahora. Ella se despide y yo pienso en la formula matemática.

Son los mismos factores, ordenados diferentes: el producto solo es parecido.

Las imágenes que no pude fotografiar…


Caminando a diario, o viajando arriba de distintos trasportes públicos y no públicos, me perdí ya demasiadas imágenes a fotografiar. Muchas veces por no llevar una cámara, pero otras por la imposibilidad de plasmar en una película sensible cosas que solo se sienten. Por eso estas retasías, fanales retasías.

Déjenme explicar este problema con la real academia española. Las palabras fanales y retasías no existen. No es que el hermoso y amplio idioma que tenemos no me haya sido suficiente, sino que preferí crear mis propias palabras para describir esos momentos. El problema es que esas palabras, como las construcciones idiomáticas a lo largo del tiempo, han ido adquiriendo cada vez más significados en mi mente, cada vez más colores.

Si nunca hubiésemos visto un elefante y nos dijeran como es, por mas minuciosa que fuera la descripción, seguramente lo imaginaríamos muy distinto a la realidad. Por eso mismo no voy a intentar darles el significado de las palabras que dan titulo a este blog, sino mostrarles eso que no pude fotografiar: fanales retasías que se me escaparon.